Lunes, 16 de julio de 2007

La presidenta del Congreso, Mercedes Cabanillas, se lamenta de que haya faltado “comunicación” para transmitir las virtudes y beneficios de la nueva Ley de la Carrera Pública Magisterial. Ofrece ahora realizar una campaña informativa al respecto. El problema es que, contrario a lo que se cree, la información, difusión, “motivación”, etc., no necesariamente implica comunicación. La comunicación supone un diálogo en el cual ambas partes modifican en alguna medida el comportamiento (actitudes, percepciones) del otro; es por ello que la comunicación puede conducir a importantes niveles de consenso y de mutua confianza entre personas o grupos, es decir, crear vínculos en una comunidad. Naturalmente, la comunicación presupone un contexto donde se reconoce al otro como a un igual; situación que no se cumple, ya que hay una buena parte del país se siente excluida (además de engañada o “mecida” por el devaluado verbo presidencial). Por tanto, las campañas de “difusión” o publicitarias no resolverán la “falta de comunicación”. Es más, la huelga magisterial podrá amainar, pero la exclusión y el resentimiento permanecerán. Son el caldo de cultivo para nuevos conflictos (varios de ellos ya anunciados para los próximos días). Son también el terreno que el propio gobierno podría abonar en pos del desarrollo nacional si es que cumple su ofrecimientos (no sólo los electorales, sino también los del propio premier Del Castillo). Esa es la solución al famoso “problema de comunicación”

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Profesor pierde ojo por bomba lacrimógena

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Agricultores exigen comisión de alto nivel

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SUTEP bloquea la Carretera Central

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SUTEP responde a ataques del gobierno

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Denuncian irregularidades en gasoducto de Camisea

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Alcalde de Atalaya exige presupuesto para carretera

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Realizan feria de proyectos de desplazados

Huanta

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Un comentario en “Lunes, 16 de julio de 2007

  1. García y los defraudados
    de siempre
    Por Ismael León Arias
    El actual ministro de Economía de Perú, Luis Carranza, un burócrata liberal de perfil usualmente bajo, de pronto se presentó a fines de la semana pasada en una conocida radio limeña, para decirle a la opinión pública local e internacional, que la actual crisis social y las masivas protestas callejeras, obedecen a “una crisis de expectativas”.
    La primera sorpresa fue que el alto funcionario salga a un medio de comunicación para responder preguntas de los periodistas. Carranza es callado, siempre reacio a explicar su programa económico, que ha continuado el proyecto fujimorista, eliminando subvenciones a los más pobres y disminuyendo los presupuestos de educación y salud, pero a la vez cuidándose de preservar las exoneraciones tributarias a las transnacionales mineras y petroleras.
    Los periodistas que conocen de cerca al presidente Alan García, presumimos que ha empujado a su ministro a enfrentar a los medios, para no seguir en solitario, en la cresta de una ola de protestas de maestros, mineros, agricultores de hojas de coca, inclusive de empresarios regionales de la Amazonía, afectados por el borrón de un paquete de exoneraciones tributarias.
    Si confirma así que el presidente García Pérez está muy preocupado por su caída de aceptación en las encuestas, que esta semana registró menos diez puntos, en relación con el último trimestre 2007, precisamente ahora, pocos días antes de cumplir un año de su segundo gobierno.
    El error del ministro Carranza es creer que a los pobres únicamente les indigne no percibir los beneficios del crecimiento, que el año pasado fue de un espectacular ocho por ciento del PBI, siguiendo así una corriente heredada desde el fujimorismo y que atravesó los cinco años de Alejandro Toledo.
    Según múltiples analistas, la opinión pública rechaza en calles y plazas que el presidente no cumpla con sus promesas de candidato. Mejor dicho, que esté haciendo exactamente el revés de lo que ofreció durante su campaña electoral, algo que ya han padecido quince años atrás, durante los gobiernos del japonés prófugo y de Alejandro Toledo.
    Además el Perú sigue hundiéndose en la corrupción pública. En el Congreso el APRA encubre delitos de sus legisladores; el poder judicial es uno de los más ineptos, con elevado registro en la compra-venta de jueces y fiscales; la fuerza armada sigue manejándose por prepotencia, como imponer la censura con aval presidencial a un joven caricaturista. Y todo esto mientras la gran prensa limeña mira a otro lado.
    De modo que el pueblo peruano no sólo ve pasar el tren del crecimiento con unos pocos adentro, sino que en sus coches observa a los ricos de siempre, con juguetes tan inútiles como lujosos, como las ominosas camionetas cuatro por cuatro, que cada día recorren las calles limeñas llevando a sus pequeños hijos al colegio y a sus esposas de compras a los grandes almacenes.
    Esto es lo que no comprenden el presidente Alan García y sus ministros. Han pasado quince años desde que Alberto Fujimori dio un golpe de estado contra la democracia e inauguró una política económica que arrasó y golpeó fuertemente antiguos derechos, como la seguridad social, la jubilación, las vacaciones y las regulaciones laborales. Pero lo hizo en medio de las promesas de un futuro mejor que nunca llegó, algo que el actual gobernante continúa ofreciendo. A tal punto está llegando la crisis social, que el vaticinio del ex-candidato nacionalista Ollanta Humala, de que el presidente García no cumplirá los cinco años de su mandato de gobierno, tiene cada vez más seguidores, como se puede observar en los carteles que exhiben los manifestante callejeros.
    Y es que ahora el hombre que hace un año juraba ofertas de un mejor futuro y respeto a los educadores, hoy les dice “comechados” a través de la prensa, protegido por el ejército al que ha convocado para que acompañe a la policía en su accionar amenazante y represivo.
    Así pues el reto está lanzado y la pregunta en las calles no es cuándo se jugará el presidente para cumplir sus ofrecimientos electorales, sino si llegará al 2011 en el Palacio de Gobierno.

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