Martes, 31 de julio de 2007
El reciente discurso presidencial ha tenido dos puntos positivos importantes: el haber propuesto una “visión de país”, ilustrada a través de un conjunto de metas económicas y sociales muy ambiciosas; y el segundo, el haber planteado un pacto social para lograr una estabilidad política que garantice el crecimiento económico y el avance hacia esas metas. Desafortunadamente, este esquema adolece de una limitación y un importante vacío político. La limitación es la falta de credibilidad de nuestro primer mandatario, lo que da la impresión de promesas y ofrecimientos de carácter electoral a esos anuncios que, sin embargo, son posibles de alcanzar. En cuanto al pacto social, es una muy buena idea, pero corre el riesgo de convertirse en una secuencia de reuniones o, peor aún en una “mecida” a gran escala a los sectores organizados de la sociedad, en particular a los gremios de trabajadores y pequeños y micro empresarios. Más aún, no habría necesidad de un pacto social si es que el Gobierno hubiera diseñado una estrategia para una mejor distribución de los ingentes recursos que hoy atiborran las arcas fiscales. Y es este, justamente, el gran vacío del discurso presidencial. Es decir, el carecer de un mecanismo para lograr traducir esos recursos en mejoramiento sustancial de la educación, salud, empleo e infraestructura, especialmente en las regiones del país. De allí que muchos se preguntan cómo hará el gobierno para cumplir con sus ofrecimientos. El día de mañana continuaremos con este tema.
Titulares
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¿Por qué no vemos Syko los peruanos?
Escribe Ismael León Arias
Llama poderosamente la atención que las salas limeñas aún no hayan exhibido el anunciado documental Syko, de Michael Moore, un film que compara al sistema privado de salud impuesto en Estados Unidos, con los que operan en Canadá, el Reino Unido, Francia y Cuba.
El trabajo de Moore es de una eficacia demoledora. Después de hora y media, no pueden quedarle dudas al espectador sobre lo que ha visto. El film atiende fielmente los requisitos del género, con una minuciosa investigación, amplitud y variedad en las personas consultadas y un nervioso manejo de cámaras.
Dicho esto aclaro que no pretendo hablar de cine, como entiendo que Michael Moore, con Syko, no se propuso ganar un Oscar. Me queda claro que su intención fue mostrarles a sus paisanos y al mundo la postración de su sistema de salud, operado con los métodos del crimen organizado.
Hoy sabemos que cincuenta millones de norteamericanos no tienen acceso posible a los sistemas privatizados de salud. Y los 250 millones que pagan por esos servicios, son muchas veces engañados, esquilmados y en muchísimos casos asesinados, porque la lógica del sistema es maximizar ganancias y reducir atenciones.
Nada de lo expuesto está en boca de Moore ni de un ideólogo afiebrado. En el film hablan personas de carne y hueso, incluidos dos bomberos nuevayorquinos enfermos a partir de su esforzada faena del 11 de setiembre, que les valió menciones honrosas, discursos en la televisión y luego el olvido.
Nada es casual en la historia nos dice el documental. La matanza organizada de americanos comenzó el 17 de febrero de 1971, cuando el presidente Richard Nixon conversó por teléfono con su asesor Edgard Keiser. “Déjame preguntarte, tú sabes que yo no sé mucho de esos malditos programas de salud”, confesó el mandatario, en sus maquinaciones previas a la privatización del sistema americano.
Allí desfilan Ronald Reagan, Hilary Clinton, un lúcido parlamentario inglés llamado Tony Benn, numerosos asegurados de Estados Unidos, Toronto, Londres, París y bomberos de La Habana, quienes finalmente atienden y alivian a sus colegas americanos, a los que consideran como parte de una sola familia.
Me dirijo a los comentaristas especializados y columnistas políticos, porque la ausencia de Syko en las salas peruanas podría ser parte de la auto censura de los circuitos comerciales, que ya en Estados Unidos consiguieron parcialmente su propósito, cuando Disney World renunció a su compromiso como distribuidor, obligando a Moore a contratar empresas menos experimentadas.
Esta película debería ser exhibida y no sólo en las salas comerciales, también en las escuelas, universidades y en cuanto circuito popular exista en territorio nacional. Porque la idea de privatizar el maltratado sistema de salud pública y los retazos de la seguridad social, no ha desaparecido de la cabeza de los Rafael Rey que ahora operan desde el gobierno, quienes únicamente esperan otra oportunidad como la que les ofreció Alberto Fujimori para volver a las andadas.
Lima, 31 de julio 2007