Pateando el tablero: el testimonio de Vladimiro Montesinos hunde (más) a Fujimori

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El testimonio de Vladimiro Montesinos en el megajuicio a Alberto Fujimori ha demostrado que el ex mandatario ya habría perdido toda esperanza de alcanzar una sentencia absolutoria en su proceso por los casos de Barrios Altos y La Cantuta. En cambio, apuesta por una estrategia política con testigos que lo ayuden a cohesionar a su nuevo partido en campaña, el cual tiene como principal objetivo un indulto presidencial al final del actual gobierno o en un eventual gobierno de su hija Keiko.

La actitud de Montesinos durante su presentación ante los tribunales fue prácticamente la de patear el tablero de la justicia, atacando arteramente a los fiscales pero también al mismo tribunal. Tanto así, que antes de su presentación su abogada Estela Valdivia presentó un escrito criticando directamente al presidente de la sala, César San Martín, por disposiciones sobre el calendario de los procesos a los que está sometido el propio Montesinos. Por otra parte, quienes hemos visto el desempeño del fiscal Avelino Guillén podemos entender que las imputaciones del otrora poderoso ex asesor buscan apartarlo como sea de este proceso. Así lo manifestó directamente su abogada en un programa de televisión, donde exigió una “investigación” luego que Montesinos dijera que había sido su cómplice en un caso de interceptación telefónica en 1992.

Este tipo de comportamiento no corresponde al de alguien que quiere colaborar con la justicia y tratar de convencer a los jueces de la credibilidad y veracidad de su testimonio. Al contrario, la intención es y ha sido burlarse del fiscal, decidir arbitrariamente sobre lo que quería declarar y negarse sistemáticamente a responder sobre los temas que podrían incriminarlo a él y a Fujimori. Pero el colmo fue cuando abruptamente dijo que ya no seguiría declarando. Pese a la prudencia y mesura del juez San Martín, éste no pudo dejar de señalar la “incomodidad” ante la decisión del testigo. Más aún, San Martín impidió (¡por fin!) que Montesinos prosiguiera hablando y lo invitó a retirarse. En ese sentido, el testimonio del ex asesor recuerda mucho al de Santiago Martin Rivas, quien trató de hacer su propio show, aunque sin los indudables dotes histriónicos de su maestro y guía.

Queda por ver hasta qué punto la exculpación de Fujimori que Montesinos ensayó durante su presentación pueda convencer a los jueces, sobre todo cuando existen declaraciones previas donde prácticamente lo incrimina. Además de sus reveladoras opiniones de ayer ante los jueces, según las cuales la razón de Estado permite la comisión de delitos y, de otro lado, el reconocimiento de que él era un subordinado del acusado. En ese sentido, es muy probable que este testimonio más bien oriente el temperamento de la justicia en contra de Alberto Fujimori. De allí la desesperación del abogado defensor, César Nakazaki, por tratar de demostrar que no hubo un acuerdo previo con el incómodo testigo, y su reclamo para que éste siga declarando. Las incidencias de esta sesión indican que hubo tal coordinación, aunque la aplicación por el ex asesor de lo acordado quizás haya tenido efectos indeseables para la defensa del acusado.

De otro lado, desde el punto de vista político, tampoco es seguro que este controvertido testimonio favorezca al ex gobernante. Montesinos buscó en todo momento mejorar su imagen presentándose como el émulo peruano del agente 007 y como el maestro de la manipulación psicológica, proveyendo un vídeo donde intenta mostrar el control que logró sobre un ya derrotado Abimael Guzmán y la cúpula senderista encarcelada. Desafortunadamente para él, su verborrea pedante e interminable, los ataques a los operadores de justicia (uno muerto y otro ausente), y la velada amenaza de revelar presuntos secretos que afectarían la seguridad nacional referidos al conflicto con el Ecuador, echó a perder sus esfuerzos. En otras palabras, se presentó abiertamente como un chantajista sin escrúpulos. Pero lo peor fue cuando se cruzaron miradas y guiños cómplices con el propio Fujimori, lo que también ocurrió, aunque a menor escala, durante la presentación de Martin Rivas. Lo que intentó ser una escena a lo James Bond podría haber terminado –por lo grotesco– como un episodio de El Super Agente 86, si no fuera por el talante siniestro del personaje.

Ciertamente, no ayuda políticamente a Fujimori el testimonio de un megalómano chantajista político –que ya ha sido condenado por corrupción– que aparece claramente como su cómplice de antes y de ahora. Sobre todo si consideramos que el principal argumento de Montesinos para defender al acusado ex mandatario es que entonces él también tendría responsabilidad en los sucesos de Barrios Altos y La Cantuta. Es decir, que se presenta él mismo como garante de la inocencia de Fujimori. ¿Podrá alguien creerle?

(Foto: Andina)

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