La guerra de imagen

¿Se ha embarcado el gobierno en una estrategia de polarización en el país?

Muchos observadores han señalado que a raíz del “vladispot” contra el paro, el Ejecutivo estaría cometiendo una patinada mediática cuyo resultado sería el sobredimensionamiento del reciente paro nacional de la CGTP. A ello se suma la supuesta campaña para derrocar al Gobierno y al sistema democrático, que voceros del Ejecutivo han atribuido tanto al Partido Nacionalista como a algunos grupúsculos extremistas que —dicen— los tienen perfectamente identificados.

Dada la insistencia del Gobierno en estos argumentos, es lícito suponer que no estamos ante un atolondramiento mediático causado por algún tipo de desesperación política del primer mandatario; sino, todo lo contrario, ante un plan debidamente calculado para construir un escenario político de confrontación preelectoral. Anteriormente, el doctor García ha sido criticado por lanzar una serie de propuestas inviables, demagógicas o provocadoras; muchas de ellas como cortinas de humo. Por ejemplo, su anuncio de bombardear las pozas de maceración en las zonas cocaleras, su campaña a favor de la pena de muerte para violadores y terroristas, la publicación de listados de personas que habían cumplido penas por terrorismo, sus constantes llamados a que la Policía Nacional utilice sus armas en la represión a las protestas sociales, etc. Todas estas iniciativas apuntan a construir la imagen de un gobernante que busca imponer la autoridad en el país; en consonancia, aparentemente, con una tendencia en tal sentido en la población. Parte de esta estrategia incluye la alianza encubierta con ex aliados del fujimorismo y fujimoristas convictos y confesos; varios de los cuales son cuadros políticos de su gobierno.

En la coyuntura anterior al paro, el Gobierno había diseñado un escenario de confrontación completamente fabricado con un resurrecto MRTA; a raíz de la decisión del Parlamento Europeo de mantener a esa organización en la lista de “inactivos”. Mientras la opinión pública se distraía con semejantes fantasmas ocurrió el “Moqueguazo”, luego del cual vino el paro nacional. Ambas acciones echaron por tierra esa imagen de “autoridad” (cuando no de autoritarismo) que quiere imponer Alan García. Por tanto, la campaña contra el paro ha consistido en recrear el escenario previo a los sucesos del sur del país. En otras palabras, es factible que el sobredimensionamiento de la medida de protesta haya sido un acto conciente y deliberado. Y los anuncios de informaciones de inteligencia sobre presuntos vínculos con la Coordinadora Bolivariana busquen volver a crear un nuevo fantasma: el de Hugo Chávez y Humala, teniendo como nexo unos pequeños
grupos extremistas; los cuales también están en camino de ser sobredimensionados. La estrategia podría ser muy bien crear, actualizar, alimentar y mantener este escenario político con fines electorales para los años 2010 y 2011. Se pretendería así “ganar por puesta de mano” a la aparición de algún grupo antisistema; el mayor terror del actual régimen y de quienes lo sostienen.

Independientemente de que sea cierto o no de que existan tales contactos o incluso el inverosímil plan de destrucción de la democracia, el gran problema que enfrenta el Gobierno y, en particular, el presidente García es el de su credibilidad. La cual ha sido puesta en cuestión por la acción ordenada de los sindicatos y movimientos sociales en camino a constituir un frente político de oposición; así como por la impericia del Gobierno para manejar bombas de tiempo que el mismo se pone (vg. Moquegua). En esa misma línea, también es posible que, en este juego irresponsable, el propio Gobierno termine levantando a grupitos extremistas que terminen consiguiendo algún tipo de respaldo social y político. Así, los fantasmas en los que el gobierno quiere creer cobrarían vida, lo que no beneficiará ni al país ni a su gobernabilidad.

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