Larga telenovela con final anunciado: las revisiones técnicas que asustaron al alcalde

revisiones-tecnicasEn un escenario plagado de escándalos congresales, accidentes carreteros sin control y nombramientos partidarios en el manejo de los programas sociales, la telenovela protagonizada por el alcalde y su elenco de portavoces, junto con otros actores de peso como el Ministerio de Transportes y Comunicaciones y la empresa Lidercon, está pasando desapercibida.

Lo que las limeñas y los limeños estamos presenciando es realmente una calamidad. A vista y paciencia nuestra, los capítulos de esta desafortunada “telenovela” se precipitan uno a uno todos plagados de abogados siempre dispuestos a inventar la realidad. Recordemos la saga: desde aquel episodio titulado “finalmente tendremos Revisiones Técnicas” que se inició en setiembre del año pasado con la Dra. Fernández de madrina, pasando por aquel “el servicio no me gusta y las colas son muy largas” del Dr. Parra y siguiendo por “la caducidad unilateral se justifica” con la efímera participación del abogado Santisteban de Noriega, hemos arribado a la semana final de esta comedia luego de soportar a voceros como el Dr. Sánchez y el Dr. Delgado, quienes estrenan versos insólitos preparando el capítulo final diciendo hoy “que la alcaldía no tiene nada que hacer en este asunto”.

La verdad de esta penosa historia de claudicación es que al señor alcalde y a sus cercanos asesores no les cuadra lo que el sistema de revisiones técnicas revela: el desastroso estado promedio del parque automotor metropolitano. Encarar esta evidencia con seriedad los hubiera llevado a asumir su condición de autoridad en la materia, racionalizar los criterios y las edades máximas para contar con la autorización de circular, ajustar razonablemente las normas técnicas para mantener estándares saludables y seguros en la metrópoli y, finalmente, articular un real sistema de información vehicular (base de datos unificada entre la MML, la PNP, las compañías de seguros, el SAT y la SUNARP). Como esta tarea luce compleja, prefirieron lavarse las manos.

Desde la desafortunada cancelación de este servicio básico –más allá de los pleitos y desencuentros entre las partes que debieron canalizarse y resolverse usando los mecanismos previstos en el contrato y ajustando los débiles sistemas de supervisión municipal– hasta estos días, la guardia pretoriana del alcalde ha sostenido que la empresa incumplió y que el municipio tuvo la razón al hacer lo que hizo. Pero en ningún momento de esta larga y tediosa serie se atrevieron a formular lo que en realidad era (y es) su más preciado deseo: desembarazarse de las revisiones técnicas, claudicar de la responsabilidad de cautelar la seguridad de los limeños y olvidarse de la importancia de preservar la calidad del aire y controlar sino disminuir la severa contaminación sonora que padecemos.

luis-castaneda-lossioEn resumidas cuentas, la estrategia del alcalde Castañeda consistió en colocar trabas a la evolución del servicio desde que se inició, cansar a los operadores distrayéndolos de su obligación de mejora continua del servicio y desarrollar anticuerpos en la ciudadanía frente a un servicio público que nadie, en su sano juicio, se atreve a cuestionar. Hoy día, que debatimos el sistema de “crimen organizado” que son nuestras carreteras y nuestro servicio interprovincial de buses cuyo funcionamiento deja en evidencia lo obsoleto y peligroso del parque vehicular público, las revisiones técnicas permanentes y universales se convierten en un imperativo nacional. Y hoy, cuando el ministro Brack señala enfáticamente que las revisiones técnicas son indispensables, el vocero del alcalde, suelto de huesos, improvisa una nueva excusa para seguir desentendiéndose del asunto: la responsabilidad ha sido “cedida” al despacho de Transportes y Comunicaciones.

Con esta conducta pública, que esconde lesiones graves a la seguridad jurídica para invertir en el país, lo más probable es que el capricho del alcalde perjudique seriamente los planes del gobierno –y el viejo sueño del presidente García- de conseguir un grupo de inversionistas serios que se encargue de completar y operar el Tren Eléctrico de Lima.

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