IRTP: ¿Canal de todos los peruanos o canal del gobierno?

laura-chahudEl reciente maltrato a la periodista Laura Chahud (quien renunció al IRTP) por hacer unas bromas en voz baja y ser escuchada por el hijo de un cuestionado funcionario aprista en una reunión en la Presidencia del Consejo de Ministros, indica que la interferencia política en el canal del Estado ha llegado a extremos inaceptables.

Aparte del hecho en sí, que demuestra la catadura de los funcionarios que hoy tienen el control político del IRTP, llama la atención que el canal del Estado cubra eventos a los que no se invita al resto de medios de comunicación. La única explicación es que se busca obtener información “exclusiva” y darle una orientación sesgada, o sea, favorable al gobierno. Porque si la televisión pública –es decir, presuntamente de todos los peruanos– cubre este acto, ¿por qué no podrían hacerlo el resto de medios? ¿Por qué se les excluye? Con el agravante de que quienes cubren estas noticias deben estar tan alineadas con el partido de gobierno que ni siquiera se les permite bromear en voz baja a costa de cuestionados personajes.

Lo ocurrido no es un hecho aislado ni una anécdota. No. Este es el “clima organizacional” que reina cada vez más en el área de prensa del IRTP, ya que, según Chahud, hay otros periodistas que han pasado por presiones por parte de funcionarios del gobierno. Lo cual no debe extrañarnos tampoco, ya que el propio presidente Alan García ha maltratado públicamente a periodistas de la principal cadena radial del país, tomando el nombre de los dueños de ésta (para su vergüenza), porque le molestaron las preguntas –nada ofensivas, por cierto– que le hicieron. Si el primer funcionario de la Nación se comporta de esa manera con reporteros de medios privados, funcionarios de segundo o tercer nivel se preguntarán ¿por qué no podemos hacer nosotros lo mismo –y con mayor razón– con periodistas que trabajan para el Estado? El mal ejemplo cunde.

A ellos debemos responderles que el IRTP no les pertenece, sino que es propiedad de todos los peruanos y es el medio de comunicación que “da la cara por el país”; es decir, que representa la imagen del Perú, no del partido de gobierno. En ese sentido, el canal del Estado debería ser el más independiente de todos los otros medios de comunicación y el de mayor credibilidad; a su interior debería imperar la más amplia libertad de expresión y sus periodistas no deberían estar sujetos a digitaciones de ningún tipo. El problema es que en el IRTP ocurre exactamente lo contrario: es un canal dependiente formalmente de la PCM y realmente del presidente de la República, su propietario de facto. Y es un medio de comunicación con nula credibilidad e ínfima sintonía, pese a tener el noticiero –según un estudio de CONCORTV– con mayor cobertura noticiosa nacional y la mayor red de retransmisoras del país. Lo único que lo salva es su –como veremos, también maltratada– programación cultural. Por tanto, no un canal público sino un canal destinado a promover la imagen de las cabezas del Poder Ejecutivo.

Un ejemplo de ello es la propia página web del IRTP, caso único entre los sitios web del Estado peruano, ya que en ella aparece en lugares prominentes –y so pretexto de presentar “videos históricos”–, las imágenes del Primer Ministro y el Presidente de la República. El resto de los líderes políticos actuales vivos parece que no tienen pasado televisivo en el canal del Estado, porque no figuran para nada. Pero lo insólito es que, en el caso del link con la foto del presidente García, se presentan discursos de su primer gobierno; es decir, de aquella etapa que el actual mandatario tanto ha repudiado, repetidamente, en público y privado, mediante todo tipo de arrepentimientos, mea culpas y golpes de pecho. Y justamente lo que tanto trata de borrar ante una desconfiada opinión pública, el IRTP se lo pone en lugar preferente de su website. Más aún, en un intento por mostrar lo positivo de ese primer gobierno, el discurso colocado ofrece la rebaja del precio de las medicinas; lo que inmediatamente nos trae a la memoria aquel lamentable régimen populista. En consecuencia, estamos ante un curioso caso de ayayerismo retroactivo que en lugar de mejorar, más bien daña la imagen personal del propio jefe de Estado; no hablemos ya de la imagen institucional del IRTP.

Pero la intromisión política también afecta a la programación cultural. Hace algunas semanas se interrumpió abruptamente y sin previo aviso la transmisión de la película El tercer hombre para pasar la repetición de un debate entre el primer ministro y el secretario general de la principal central de trabajadores del país. Esto no fue un hecho fortuito u accidental, sino que ocurre reiteradamente en este medio de comunicación. Y, en este aspecto, revela un manejo no profesional de la televisión presuntamente pública. Un hecho así sería inconcebible en cualquier empresa televisora seria, sea pública o privada, ya que, en tal caso, el mensaje que se emite es: “No me interesa si ofrezco una determinada programación y luego la cambio para mostrar actos oficiales del Presidente de la República y del Primer Ministro. Eso es más importante que cualquier otro espacio que ofrezca mi programación. En consecuencia, la programación cultural no es una prioridad, porque puedo interrumpirla en cualquier momento para emitir –sin previo aviso– actos oficiales”. Esto simplemente es un maltrato al público.

No obstante, el mismo IRTP justifica tales interrupciones (que durante la anterior gestión llegaron a limitarse al mínimo) en “disposiciones legales vigentes” nunca precisadas y arguye que “…debe de emitir en su integridad las sesiones plenas del Congreso de la República, el trabajo de sus comisiones, y actividades que se realizan en sus instalaciones, así como las actividades y eventos de los otros poderes del Estado y de la sociedad civil en general…” (IRTP, Plan Operativo Institucional, POI, 2007). Esto huele a pretexto, porque el Estado dispone de una señal en UHF y otra en VHF, una de las cuales se podría dedicar para este fin. Además ya existe un canal de cable del Congreso, el cual estaría duplicando entonces funciones del IRTP. Es evidente que lo que se busca es poner este medio de comunicación público (financiado con nuestros impuestos) al servicio de fines políticos particulares. Y sin ningún beneficio para nadie: ni para el país, ni para el partido de gobierno ni para su jefe. Es decir, otro perro del hortelano estatal.

Pero lo peor no es esto. En realidad, estas críticas no afectan mucho a quienes dirigen el IRTP por la simple razón de que casi nadie ve este canal. En una encuesta representativa realizada en abril de este año por la empresa IMASEN en 20 ciudades del interior del país (no incluye Lima), se comprobó que el IRTP tiene una sintonía fiel (“canal que ve con mayor frecuencia”) del 1,7%, mientras que en junio de 2007 este porcentaje era de 2,7%. Ojo, que no estamos refiriéndonos a rating (cuya medición algunos cuestionan), sino a encuestas representativas en aquellas ciudades donde se supone que el IRTP tiene mayores ventajas competitivas, ya que posee la red de transmisoras más grande del país y una programación adecuada al público regional. Y en cuanto a su programa con mayor sintonía, el informativo Confirmado, tuvo un porcentaje de 4,4% (en 2007 fue de 4,9%), lo que constituye un indicador calamitoso, considerando que este noticiero tiene una amplia cobertura de noticias regionales. No obstante, dicho programa figura después de los cuatro noticieros limeños y, sobre todo, después de los “noticieros regionales”, que en conjunto tienen una sintonía del 19,6%. En otras palabras, el canal del Estado no es competitivo incluso en aquellas zonas donde se supone que tendría mayor cobertura, y su sintonía –al menos en las regiones– está en el límite del margen de error, con tendencia decreciente.

El verdadero problema, entonces, no es sólo la vulneración del derecho de todos los peruanos a tener un canal público con el que nos sintamos identificados, sino en la colosal pérdida de fondos públicos para mantener un medio de comunicación que muy pocos ven y que, encima, resultan maltratados. Debe reconocerse que esto no es culpa exclusiva del actual gobierno. Durante más de 40 años los distintos gobiernos han construido la imagen del canal del Estado como un canal del gobierno, por tanto, sin mayor credibilidad. Esa percepción difícilmente podrá borrarse en el corto ni mediano plazo, menos con el actual manejo politizado del IRTP. Sin embargo, se ha demostrado durante la anterior gestión, presidida por Eduardo Bruce, que es posible tener un canal del Estado con una administración profesional y una orientación periodística más o menos equilibrada, lo cual fue todo un logro. Desafortunadamente, se trató de una reforma incompleta y producto, también, de un accidente político: Bruce contaba con el respaldo de su hermano Carlos, el único ministro con alto índice de aprobación en la opinión pública y con influencia en el Ejecutivo.

No obstante este esfuerzo, esa gestión tampoco logró revertir el tema de sintonía. Ello se debe a que en la televisión masiva los cambios en las preferencias del público demoran en producirse. Por esta razón, es lógico que lo primero que venga a la cabeza como precondición para cambiar esta situación es la privatización del IRTP. Es decir, hay que sacarlo del ámbito “estatal” cuanto antes para que tenga una posibilidad de viabilidad y plantear el asunto en términos de cómo tener una televisión pública que sea vista por un porcentaje representativo de la población. Un segundo camino, en esta misma vía, es el de la reforma, siguiendo el modelo chileno, con algunos ajustes. Este modelo tiene la gran ventaja de que ha funcionado y su diseño institucional puede ser replicado e incluso constituir un punto de partida para la reforma del Estado. Dedicaremos un próximo post a estas dos opciones.

Mira estas noticias relacionadas:

Un comentario en “IRTP: ¿Canal de todos los peruanos o canal del gobierno?

  1. saludos tengo una denunica con pruebas contundentes sobre una contratación irregular en el IRTP, al parecer por un favor politico. El problema es que Enlace Nacional acá en trujillo se ve por canal 35 – Antena Norte – pero es un canal parcializado con el partido de gobierno, pues el dueño (Augusto Franco) es hermano de Esther Franco (Procuradora Anticorrupcion de Trujillo y militante aprista) y seguro la nota que ustedes difundan no la sacarian por su medio, por lo tanto Trujillo no sería testigo de la denuncia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.