Falleció Monseñor José Dammert Bellido, pastor de poncho y sombrero… de toga, birrete y dignidad

Monseñor José Antonio Dammert BellidoSus ojos se cerraron el 10 de setiembre del 2008, justo cuando la Iglesia latinoamericana conmemora 40 años de la realización de la II Conferencia General de obispos en Medellín (Colombia 1968). En esa Conferencia del CELAM Don Pepe (como lo conocían los amigos) tuvo un papel muy importante, en ella se habló de los serios problemas que vivía nuestro continente. La pobreza, la violencia, la injusticia institucionalizada, y el anhelo de paz de los pueblos de América Latina fueron los temas centrales de esta reunión. Monseñor Dammert recordó los aportes del Concilio Vaticano II, ese gran cónclave eclesial que ayudó a la Iglesia a ponerse a tono con los signos de los tiempos, como lo propuso quien tomó la iniciativa de su convocatoria, el Papa Juan XXIII.

Una vida intensa

Monseñor José Antonio Dammert Bellido nació en Lima el 20 de agosto de 1917. Sus hermanos fueron: Enrique, Manuel, Juan Luis y Laura. Entre 1934 a 1938 realiza los estudios de doctorado en jurisprudencia y cursos de perfeccionamiento en derecho romano en Italia (Pavía y Roma). Al volver al Perú en 1939, asume la Secretaría General de la Universidad Católica en Lima y es en este centro de estudios profesor de derecho romano, derecho canónico e historia de la Iglesia. Por estos años, también fue Presidente Arquidiocesano de la Juventud Católica. En marzo del año 1941 Don Pepe ingresa al Seminario de Santo Toribio en Lima para realizar sus estudios de filosofía y teología, una tarea que llevó adelante en simultáneo con su responsabilidad docente universitaria.

Participó en las Asambleas del Secretariado Inter-Americano de Acción Católica en Chimbote 1952, Guadalajara 1961 y Buenos Aires 1965. Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1946. Entre 1952 – 1958 es elegido Vice – rector de la Universidad Católica y se desempeñó como Secretario del Episcopado peruano entre 1957 a 1962. Posteriormente fue elegido Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

Su espiritualidad y sencillez

Monseñor fue consagrado obispo auxiliar de Lima el 15 de mayo de 1958 por el Papa Pío XII. Más adelante, el Papa Juan XIII (el Papa Bueno) lo traslada a Cajamarca. Pepe siempre ha dicho a sus amigos cercanos que él era un universitario vestido de obispo, o también un laico vestido de obispo, dada su vocación académica y su trabajo intelectual, de ahí el peso que siempre tuvo para él, el aporte de los laicos en la Iglesia. Su llegada a Cajamarca le plantea nuevos desafíos, que asume con total audacia y profetismo. Como lo señalara en su homilía por sus 25 años de obispo, rodeado de campesinos y clarines:

“He aprendido en este cuarto de siglo de residencia cajamarquina que primeramente debemos escuchar a las personas con quienes se trabaja, conocer sus inquietudes y experiencias, a acompañarlos y no imponerles modelos extraños, a no abandonarlos en su recorrido, porque desde afuera se indica que el proyecto debe estar terminado o porque nos fatigamos al no saber caminar al ritmo de la paciencia campesina y de la evolución de la naturaleza” (18 de junio 1987)

Su sencillez siempre llamó la atención. Nunca fue necesario el protocolo para hablar con él, de ello dan cuenta los campesinos a quienes siempre les abrió las puertas del obispado y con quienes se sentaba a conversar sin necesidad de que anunciaran con antelación su visita. Se sentaba al lado de la pileta a conversar con quien llegaba. Pepe, además fue un hombre de oración. Cercano a la espiritualidad de Carlos de Foucauld, el beato que murió asesinado el 1 de diciembre de 1916, a la edad de 58 años, para quien la cercanía, el servicio y el amor a los pobres eran un rasgo sustantivo del seguimiento a Jesús. De allí la amistad de Monseñor Dammert con Las Hermanitas de Jesús, a quienes visitaba en el Cerro San Cosme y con quienes siempre compartió la eucaristía. La austeridad y la sencillez de Pepe se manifestaba entre otras cosas en su sentido del ahorro, era un reciclador nato, no dejaba sin aprovechar papel alguno, anotaba por donde quedaba espacio en blanco, casi siempre en su máquina de escribir y con papel carbón.

Pastor fiel, amigo de la vida

“Las lamentaciones de los que sufren no me dejan tranquilo” fue una expresión frecuente en su vida de pastor, de allí su trabajo dedicado, firme y solidario en favor de los pobres, sobre todo de los campesinos.

José Dammert sirvió la Iglesia de Cajamarca desde el 19 de marzo de 1962 hasta el 10 de diciembre de 1992. Su paso por la diócesis de Cajamarca no sólo cambió el rumbo pastoral, sino que la vida y la cultura cajamarquina ganaron a un gran aliado; un hombre sabio, conocedor del mundo universitario y académico que siendo joven ya se había graduado de jurista en Italia y que ejercía la docencia en sus primeros 20 años.

Monseñor cultivó muchas amistades en el ámbito eclesial europeo, alemán, y, sobre todo, latinoamericano. Mantuvo una relación muy cordial con Monseñor Larraín (Chile), Monseñor Proaño, en Ecuador y con varios obispos brasileños que trabajaron, como él, para llevar adelante ese gran impulso renovador que fue el Concilio, y después, Medellín, la segunda conferencia del Celam. En su diócesis, Dammert concentró sus desvelos y energías en trabajar con los pobres del campo, impulsando a los catequistas rurales y ayudándoles también para que crezcan en ciudadanía plena fortaleciendo sus propias organizaciones sociales. Quizás por eso en Cajamarca no se vivió la violencia política que asoló otras zonas durante los años del senderismo. Fue Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (1990 – 1992) en los años más difíciles de la violencia. En esas circunstancias siempre supo decir una palabra alentadora y estuvo cerca de su pueblo.

Emérito: disfrutando la recompensa

El diccionario de la lengua española nos recuerda que un emérito es la persona que se ha retirado de un empleo o cargo y disfruta algún premio por sus buenos servicios, o también se dice especialmente del soldado cumplido de la Roma antigua que disfrutaba la recompensa debida a sus méritos.

Monseñor siguió trabajando en su condición de obispo emérito. Su premio fue seguir en contacto con la vida de la Iglesia, con la investigación y el diálogo sincero. A él lo acogió el Instituto Bartolomé de Las Casas de Lima, desde allí siguió su trabajo como historiador e investigador. Colaboró con la revista Signos, donde tenía su espacio, denominado “La columna de Monseñor Dammert”. Es interesante recordar que la primera columna de Monseñor en Signos, en marzo de 1995, llevó por título Construir la Paz, justo cuando se iban a cumplir 15 años del asesinato de un pastor también apasionado y comprometido con su pueblo salvadoreño, nos referimos a Monseñor Oscar Romero.

La paz y la justicia fueron dos pilares en la vida de Pepe Dammert, como lo fue su vocación religiosa y su amplio conocimiento de la historia y la cultura peruana y universal. La última columna que nos regaló en Signos fue escrita en octubre del año 2000 y en ella reflexionó sobre la devoción al Señor de los Milagros.

La vida física de Pepe se ha apagado, sin embargo su legado está muy vivo, sobre todo cuando vemos que los campesinos se sientan a la mesa y discuten con dignidad su derecho a ser respetados. Pepe se fue después de mucho tiempo de dolor y enfermedad, pero nos quedamos con el recuerdo del pastor cercano y amigo, que nos demostró que vale la pena vivir con intensidad el evangelio defendiendo y amando al más chiquito, como lo hizo Jesús. Pepe descansa desde el 11 de setiembre en el cementerio Presbítero Maestro, una enorme piedra y una cruz muy rústica indican la última morada de este Pastor ejemplar. La Iglesia peruana ha perdido un gran Pastor. ¡Descansa en Paz, Pepe!

Luis Llontop, revista Signos del Instituto Bartolomé de las Casas

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