Primero la gente

Hace unos días se presentó en Lima el libro Primero la gente. Una mirada desde la ética del desarrollo a los principales problemas del mundo globalizado, de Amartya Sen, economista indio, Premio Nobel de Economía de 1998, y Bernardo Klisberg, Premio 2005 de la Fundación Empresarial por el Desarrollo Sostenible. Una publicación de total actualidad en la medida que nos permite salir de los tradicionales marcos que oponen como irreconciliables la ética y la economía, el Estado y el mercado, la democracia y la eficiencia; sólo por mencionar algunas parejas de conceptos que en el Perú en las últimas décadas han supuesto largas, y muchas veces infructuosas, discusiones. En este artículo prestaremos atención a uno de los capítulos escritos por Amartya Sen.

amartya-sen-nobel-1998La globalización, ¿buena o mala?

El primer capítulo del libro nos ayuda a abandonar algunas miradas caricaturizadas de la globalización. En primer lugar, nos muestra el error que cometen tanto los apologistas como sus opositores radicales al identificarla como una producción puramente “occidental”. Sen narra, de manera muy agradable y didáctica, una explicación acerca del origen de una serie de reflexiones y descubrimientos científicos que tuvieron origen en distintas culturas del Asia sin los cuales la llamada “cultura occidental” no existiría. Sen, de este modo, no hace sino ejemplificar el intenso intercambio y apropiación de conocimientos que a escala global se han venido produciendo a lo largo de la historia, existiendo en la actualidad lo que él denomina un “legado global”, al que sería erróneo, por decir lo menos, renunciar.

Por el contrario, señala que es un error el que cometen aquellos que califican de “occidental” un proceso que ha significado el aporte de diversas culturas del mundo, entre ellas las que florecieron en estas tierras, en la medida que se pierde de vista la importancia que han tenido en el proceso de creación científica y cultural mundial. El economista indio, originario de un país que fue colonia británica, a la vez tiene en cuenta que el proceso no ha estado exento de prácticas imperialistas y colonizadoras, pero sostiene que sería un error ver el conjunto del proceso globalizador como un rasgo del imperialismo. Sen sostiene que “…no podemos revertir la difícil situación económica de los pobres del mundo impidiéndoles el acceso a las grandes ventajas de la tecnología contemporánea, a la eficiencia sólidamente establecida del comercio e intercambio internacionales y a las ventajas sociales e económicas que brinda una sociedad abierta. De lo que se trata principalmente es de cómo dar un buen uso a los notables beneficios del intercambio económico y del progreso tecnológico en una forma que preste atención debida a los intereses de los desposeídos y desvalidos” (p.18).

En segundo lugar, sobre la base de lo hasta aquí escrito, el cuestionamiento fundamental a realizar es el relacionado al destino de los beneficios que este proceso trae. Al centro de la pregunta se halla el delicado, pero fundamental, tema de la desigualdad, que tiene una dimensión económica pero que viene acompañada de asimetrías culturales, políticas, de oportunidades económicas y de poder. Asimetrías que si, nos proponemos resolver, necesitamos promover cambios en el proceso, tanto a escala global como nacional. En ese sentido, Sen plantea que “no es suficiente comprender que los pobres del mundo necesitan de la globalización tanto como los ricos; también es importante cerciorarse de que en realidad obtengan lo que necesitan. Para ello posiblemente se requieran reformas institucionales de gran alcance, aun en el marco de la defensa de la globalización” (p.19).

Desde esta perspectiva, es una discusión poco fructífera aquella que se centra en la definición de si los pobres se benefician o no de la globalización. Más bien, se trata de preguntarse si la actual distribución de beneficios es la más equitativa; es decir, si el actual arreglo distributivo es el único posible y el más beneficioso para los pobres. Para Sen, existen otras opciones posibles en las que los pobres pueden salir mejor beneficiados. Una condición para producir arreglos efectivamente más equitativos tiene que ver con establecer relaciones más equilibradas entre mercados y políticas públicas. En otras palabras, en casos como el peruano se requeriría prestar atención especial al fortalecimiento del Estado, y las políticas que debe implementar en el campo de la salud y el crédito.

Finalmente, Sen reconoce un papel fundamental a los llamados movimientos “anti-globalización”, en la medida que ellos cumplen un rol fundamental en hacer evidentes las simetrías existentes y demandar cambios en la distribución de los beneficios que la globalización produce. Por ese motivo señala que “…no hay una contradicción real en el hecho de que las así llamadas protestas anti-globalización se hayan convertido en los eventos más globalizados del mundo contemporáneo” (p.21). No queda si no reconocer que requerimos dejar de lado dicotomías estériles y centrarnos en la discusión respecto a cómo fortalecer el poder y las oportunidades de los pobres y excluidos para apropiarse de los beneficios del legado global. Pienso que en Piura tenemos varios ejemplos de cómo es posible avanzar en dar respuesta a esta interrogante.

(Foto de Amartya Sen recibiendo el Premio Nobel: Geocities, Nobel Prize)

(Texto publicado originalmente en el diario El Tiempo de Piura, suplemento Semana) [pdf]

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3 comentarios en “Primero la gente

  1. Excelente artículo, felicitaciones por tu blog la verdad muy instructivo y lo que respeto siempre es cuando me encuentro con blogs que respetan debidamente los derechos de autor como en esta nota donde han tenido el especial cuidado de poner la cita en una forma adecuada.
    Sigan en el camino

  2. Oiga!!!! qué buen artículo, por fin leo una opinión inteligente, centrada, respetuosa, completamente de acuerdo. Hay lecciones que se deben dar a las personas que como la señora Magaly no les interesa para nada la vida privada del resto y ahora que la justicia se la cobra recién se acordó de su mamá, pero no pensó en esa honorable mujer, antes de hacer y decir atrocidades en su programa contra otras mujeres, menos pensó en ella, pero quién pensaba que era? la libertad de prensa la confundió con el sucio libertinaje que hizo del periodismo y que ahora la esta pagando, saben por qué, porque Dios perdona el pecado pero no el escándalo, y esta recibiendo una gran reprimenda de él. Espero sinceramente que el día que salga de la carcel salga otra Magaly, más mujer, más humana, será posible? si ella no es atea, Dios hace milagros, todo es que se lo pida a él y a pesar de todos las maldades que hizo el Señor se lo perdonará. para ÉL nada es imposible.

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