Sí al desarrollo humano integral

No a la violencia y a la corrupción

ceasEn mi calidad de Arzobispo de Huancayo y Presidente de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), deseo compartir estas reflexiones sobre los últimos acontecimientos que han conmovido a la opinión pública nacional e internacional.


Lamentamos el indignante asesinato de quince miembros de nuestras Fuerzas Armadas y de dos civiles por parte de narcoterroristas, ocurrido el día jueves 9 de octubre en el distrito de Tintay Punco, Huancavelica, emboscada en la cual resultaron heridos también dos civiles (entre ellos un niño de sólo cinco años) y catorce miembros de las Fuerzas Armadas del país (de los cuales tres están muy graves). También otros dos miembros del Ejército que fueron asesinados en Vizcatán, en la provincia de Huanta, Ayacucho. Ante esta dolorosa realidad, reafirmamos nuestra convicción: La vida es sagrada. “Es un regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde su concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural.” (Aparecida, 464-467)

Nos solidarizamos con las personas heridas, con los familiares de heridos y fallecidos en este atentado a la dignidad humana de hijos de Dios y hermanos nuestros. Estos hechos no pueden, ni deben repetirse, menos quedar impunes. Por eso la necesidad de garantizar la seguridad de toda persona dentro del pleno respeto de los derechos humanos. Estos hechos luctuosos ocurren en el contexto de una profunda crisis financiera internacional que amenaza con afectar las economías del continente, y por otro la indignante corrupción con motivo de la concesión de lotes petroleros, con penosas consecuencias para todos los peruanos, especialmente para los pobres. Estos actos de corrupción generaron una crisis política que entre otras consecuencias propició el cambio del gabinete ministerial. Esperamos que esta decisión política ayude a consolidar una cultura de la honestidad y transparencia y profundice el proceso democrático en nuestra patria.

Por eso, compartimos la preocupación de las repercusiones de la crisis financiera y que el impacto de las mismas no afecten más las economías y condiciones de vida de las poblaciones empobrecidas y excluidas. En ese sentido, nos preocupan los recortes en el valor real del presupuesto público del país, en especial de los rubros de gasto social dados los elevados niveles de pobreza y desigualdad social. Reconocemos que “el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política y no de la Iglesia. Pero la Iglesia no puede ni debe quedar al margen de la lucha por la justicia” (Aparecida 423).

La lucha frontal y decidida contra la pobreza, la exclusión social, el narcotráfico, la violencia y la injusticia no tendrá éxito mientras se conviva pasiva e impunemente con la corrupción en el ejercicio de la función pública o privada o en la interacción entre ambas. No olvidemos que la corrupción es un fenómeno que no conoce límites políticos ni geográficos y que siempre sus costos recaen sobre los ciudadanos, especialmente sobre los pobres. La corrupción política, según el compendio de la doctrina social de la Iglesia, “compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones” (n. 411).

senor de los milagrosNecesitamos un auténtico compromiso nacional en la lucha contra la corrupción. Para ello es necesario que las responsabilidades de los hechos ilícitos salgan a la luz, que los culpables sean castigados con formas reparadoras de un comportamiento socialmente responsable. Por eso es urgente un esfuerzo denodado por introducir la ética en la política, en la economía y en todo nivel, como el camino para un auténtico desarrollo integral y sostenible. Rogamos al Señor de los Milagros en este propicio mes de octubre y a María Santísima, Madre de Jesucristo y de la Iglesia, nos ayuden a continuar con los esfuerzos por construir un país democrático, ético, en perspectiva de un auténtico desarrollo humano integral compatible con el cuidado de los bienes de la creación, reafirmando caminos de paz y reconciliación.

Como muy bien nos lo han recordado el Papa Benedicto XVI y nuestros Obispos de América Latina: “…la Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas, que claman al cielo”. (Aparecida 395). Por eso “nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio”. (Aparecida 396)

Huancayo, 17 de octubre de 2008.

Monseñor Pedro Ricardo Barreto Jimeno, S.J.
Arzobispo de Huancayo y Presidente de CEAS.

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