Camino al despeñadero

Los cuadros que se muestran a continuación provienen del último boletín del INEI en materia de Comercio Exterior, publicado el 10 de marzo de 2009. Estos cuadros están en cifras reales, es decir un equivalente a cantidades físicas de nuestras exportaciones e importaciones, donde el efecto inflación respecto al año 2002 ha sido retirado de los valores comerciados.

Nuestras exportaciones (sin inflación) son ahora prácticamente iguales a las de hace tres años, el total en enero de 2006 era 833 millones de dólares y en enero de 2009 son 845 millones de dólares. Como se observa en el gráfico, las tradicionales bajan levemente de 503 a 490, mientras que las no tradicionales suben levemente de 330 a 355 millones. Es decir, tres años en vano en materia de incrementar el volumen de nuestras exportaciones.

En cambio nuestras importaciones (sin inflación) sí se han incrementado de manera sustantiva en los últimos tres años. Pasando de 866 millones de dólares en enero de 2006 a 1381 millones de dólares en enero 2009, aunque estas cifras de enero de 2006 muestran una realidad inquietante en el cambio de tendencia que se observa a partir del cuarto trimestre del año pasado. La línea morada corresponde a la importación de bienes de capital y desde octubre de 2008 se empiezan a reducir; la línea roja corresponde a la importación de bienes intermedios, y éstos se empiezan a reducir desde septiembre 2008, y finalmente la línea azul corresponde a bienes de consumo, y éstos se empiezan a reducir desde octubre 2008. Es decir, todas nuestras importaciones se reducen de manera sincronizada. En una nota escrita el 30 de enero pasada, y titulada Compulsión a la repetición, se indicaba que nuestra economía había iniciado un ciclo contractivo en agosto de 2008, y los volúmenes de importaciones corroboran hoy esa aseveración, con certeza estamos cuesta abajo, pero aún no sabemos cuán profundo es el barranco.

La profundidad del barranco es la distancia entre las dos líneas del gráfico precedente. Mientras en el año 2006 teníamos nuestras exportaciones e importaciones equilibradas, ahora en el 2009 están profundamente desequilibradas, y producto de ello estamos perdiendo reservas internacionales de manera acelerada, porque la ilusión que los precios de nuestras exportaciones seguirían elevados por siempre fueron exactamente una vana ilusión. La respuesta tímida del gobierno es una elevación permanente del precio del dólar que mantenga la inflación elevada, más del doble de la meta oficial de 2%, y de esta manera ir reduciendo la capacidad adquisitiva de los hogares, y poder reducir las importaciones todo lo necesario para equilibrarlas con las exportaciones. Y cómo se explicó previamente, en tres años las exportaciones sólo se elevaron porque su precio se elevó, no porque se exportase más en los camiones, barcos, y aviones que salían de nuestro país. Una respuesta decidida del gobierno sería una fuerte elevación de los aranceles en todos aquellos productos que no son esenciales para los hogares, así como impulsar una mayor utilización de la capacidad instalada de las fábricas para reducir la importación de bienes de capital; y de esta manera no será necesario reducir la capacidad adquisitiva de los hogares a través del incremento del precio del dólar.

El problema central de la respuesta tímida actual, consiste que suponer que la crisis económica internacional es “pasajera” (Presidente García) o de “corto plazo” (ministro Carranza) y por ello en poco tiempo los precios de nuestras exportaciones volverá a elevarse y la brecha externa se cerrará. Esta política tímida de devaluación permanente, encubre una real política de alto riesgo que en caso la crisis no sea pasajera ni de corto plazo, el único camino abierto será una maxi-devaluación para destruir la capacidad adquisitiva de los hogares, y cerrar así la brecha externa.

Publicado originalmente en el blog 29×55.

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