Supa y Mariátegui, instrucción y poder

Recientemente se desarrolló un intenso debate a raíz de la columna del periodista Aldo Mariátegui, director del diario Correo, en el que cuestionaba la capacidad de la congresista Hilaria Supa para ejercer ese cargo debido a las faltas de ortografía con las que escribía. No es la primera vez que se arguye en el país que la falta de instrucción es un motivo para excluir a la gente de las decisiones públicas, sin embargo llama la atención que, en pleno siglo XXI, alguien que es instruido y supuestamente culto repita estas ideas que no hacen sino proponer que la política y la democracia sean más elitistas aún.

Una historia de exclusión y discriminación

Es probable que la mayoría de peruanos no recuerde que los analfabetos recién pudieron votar a fines de los años 70 del siglo pasado. Hace casi treinta años. Tampoco que las mujeres que sabían leer y escribir, participaron en las elecciones a mitad del siglo XX. Hace un poco más de 50 años. Los argumentos esgrimidos para tener a mujeres y a analfabetos alejados de la vida política y de las decisiones públicas estuvieron relacionados a su falta de capacidad para intervenir en estos asuntos. Resultaban siendo menores de edad, que debían aceptar que otros, los varones con instrucción, “los que saben”, decidieran por ellos. Hay demasiados ejemplos en el mundo que muestran que el ser varón o tener instrucción no son condiciones suficientes para ejercer el poder en beneficio de la mayoría, menos aún a favor de las mujeres y de las poblaciones en pobreza, que generalmente son las que tienen más dificultades para acceder a la educación.

En la situación que nos ocupa Mariátegui recurre a viejos prejuicios para cuestionar la capacidad de la congresista y de paso de todos aquellos que no culminaron la educación formal: “…es indiscutible que una persona con una instrucción tan (…) elemental (…) poco puede aportar a la elaboración de leyes…en la reflexión diaria de hacia dónde debe ir la nave del Estado… Una persona así posiblemente sólo se va a limitar a (…) oponerse, a estar a la defensiva ante cualquier idea nueva, a ser prejuiciosa…”. En realidad, existen demasiados ejemplos que todos conocemos que muestran que es muy discutible relacionar el nivel educativo con la actitud y el comportamiento de las personas.

Tal vez uno de los ejemplos más masivos que muestran la equivocación de Mariátegui, sea la migración que iniciaron, a mitad del siglo pasado, muchos campesinos y campesinas andinas, muchos “provincianos”, desde sus comunidades y poblados a las principales ciudades de la costa y de la sierra peruana en búsqueda de nuevas oportunidades educativas, laborales, económicas. Migración que además no culminó con el arribo a las ciudades peruanas; sus hijos y nietos la han extendido hacia otros países de casi todos los continentes del planeta. La decisión de alejarse del lugar de origen posiblemente sea una de las más difíciles y generalmente la toman quienes tienen capacidad de manejar la incertidumbre con la convicción que luego la vida será mejor. ¿Actitud defensiva ante ideas nuevas, dificultad para reflexionar sobre el futuro? Qué lejos está la realidad de las afirmaciones del director de Correo.

¿Quién me representa?

En vez de cuestionar la capacidad de la congresista Supa, habría que preguntarse por cuáles son las expectativas con las que el electorado busca a sus representantes. Existen diversos estudios que muestran la volatilidad de la adhesión del electorado peruano y la búsqueda permanente de representantes en los cuales confiar. Esa actitud tiene que ver con la dificultad de los partidos y de la clase política desde los años ochenta para entender los cambios sociales que el país atravesó y establecer nuevos vínculos entre política y sociedad. Para la mayoría de los ciudadanos la política sigue siendo una actividad extraña, la cual se ejerce en gran medida en función de intereses particulares antes que para articular y construir intereses nacionales. Peor aún, los intereses particulares, generalmente los de los más poderosos, terminan siendo abanderados por los gobernantes como los intereses del país. Por eso en los diversos conflictos sociales, quienes reclaman lo hacen por que sienten que el Estado se halla parcializado en su contra, que los gobernantes no lo son para todos los peruanos.

Reconociendo las diferencias, la apuesta del electorado por Hugo Blanco en los ochenta, por Belmont y Fujimori a fines de los 80 ó por muchos congresistas a lo largo de estos años se relaciona con el afán del peruano y peruana de la calle de encontrar a alguien a quien se le pueda entender cuando hable, que hable como uno, que sea como uno, con la esperanza que entienda lo que la gente común espera y necesita. Por eso es un paso adelante, a pesar de los límites que hoy tiene el Congreso, que en este poder del Estado puedan hacerse presentes las distintas sangres y condiciones sociales que forman parte del Perú. Sin lugar a dudas esto no es suficiente para que el Congreso funcione bien, pero es seguro que no nos iría mejor con un Congreso conformado únicamente por personas que cuenten con títulos profesionales.

A diferencia de Mariátegui pienso que el problema en el Perú no es que personas como la congresista Supa tengan “tanto poder”, por el contrario, más bien uno de los grandes problemas del Perú ha sido que se ha tratado de mantenerlas lejos del poder por demasiado tiempo. Sin duda, parte de esa falta de poder ha sido la exclusión de la educación.

Del mismo modo que las personas, los pueblos aprenden haciendo, aprenden a ejercer el poder utilizándolo.

Originalmente publicado en el Suplemento Semana del diario El Tiempo de Piura [pdf]

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Un comentario en “Supa y Mariátegui, instrucción y poder

  1. Las opiniones del sr. Mariategui demuestran un nivel de discriminación que se expresa en un profesional que estoy segura no sabe escribir el quechua que a pesar de ser lengua oficial del Perú, como lo es el castellano, sin embargo el señor solo indica que la ortografía en castellano descalifica a una congresista, entonces todos los congresistas estarian también desautorizados por no poder siquiera hablar, menos escribir en el quechua que es lengua oficial del Perú. Por tanto, el sr. Mariategui debe mejorar no solo su ortografia sino su posición racista en un país multicultural y plurilingue como es el Perú, valdria mejor conocer la Constitución peruana.

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