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Según Marco Sifuentes, candidatos no saben aprovechar Internet en campaña electoral


Frente a las próximas elecciones, la actividad política en las redes sociales ya no es una novedad. Tras la estrategia política en Internet empleada por el actual presidente de Estados Unidos Barack Obama, este medio se ha vuelto el más recurrente por los candidatos en Latinoamérica. Según el blogger Marco Sifuentes, «lo que pasa es que hay mucha gente que magnifica las redes sociales y dice ya, Obama ganó las elecciones por Internet, tú también, y no funciona así, tienen que saber llegar, tienes que saber encajar y tienes que saber qué vas a ofrecer, lo bueno de Internet además es que le permite a la gente tener una llegada bien cercana con el candidato, entonces y el candidato ofrece cosas bien concretas porque Internet se mueve alrededor de comunidades de intereses bien específicas».

Asimismo, Sifuentes consideró que los candidatos que compiten en zonas urbanas –como Lima– deberían estar en Internet debido a la influencia de este medio y así tener más llegada a los ciudadanos. «En el Perú Internet sí ha demostrado ser un medio que pone temas en la agenda, que sale de un blogcito chiquito o una cuenta de twitter; y ese tema de pronto logra crecer y se vuelve parte de la agenda nacional, que es algo que no pasa en la mayoría de países en Latinoamérica, y que es algo que no están aprovechando los candidatos acá, la posibilidad de ponerse en la agenda nacional o en la agenda de la opinión publica a partir de de Internet». Entre otros políticos que recurrieron a la Internet figuran el ex candidato a la presidencia de Colombia, Antanas Mockus que tuvo gran acogida en los colombianos por medio de la Internet y no a través de los medios de comunicación tradicionales. Cabe indicar que crecer con Internet no es lo mismo que ganar las elecciones mediante la Internet.

Alan vs. Obama

Las recientes declaraciones de Alan García contra los vaticinios del presidente electo Barack Obama son sólo la continuación de sus desafortunados y pretendidamente optimistas pronósticos, según los cuales el Perú podría ser un país refugio de los ahuyentados inversionistas. El problema de fondo es que García no entiende la naturaleza de una crisis como la que actualmente se vive en el mundo, y cuya razón de ser es el quiebre de un principio básico para el funcionamiento de la economía: la confianza. Para nuestro gobernante, éste es un concepto ideológico y no un elemento psicológico.

Mucha gente cree que el sistema económico y la confianza en él se pueden medir por una serie de indicadores (por ejemplo, un alto crecimiento sostenido o por la estabilidad jurídica a largo plazo). Pero cuando la confianza se ha roto –como en este caso–, entonces entramos al terreno de la pura incertidumbre y a la imposibilidad de medir o cuantificar en el tiempo la profundidad, características y duración de la crisis. De allí que los principales economistas mundiales no se animen a predecir absolutamente nada; es más, dicen abiertamente que nadie puede saber exactamente cuándo acabará esta constante caída en picada.

Sobre todo cuando «la recuperación de la confianza» es un proceso que está enfrentando un obstáculo formidable. La intención del gobierno de Bush (y quizá incluso el de Obama) es que los inversionistas y el público recuperen la confianza en los mismos banqueros que han volatilizado trillones de dólares, dejado a millones de personas sin viviendas, provocando cierres de sectores enteros de la industria y despidos masivos en las principales economías del mundo. Además, el plan de rescate armado por el gobierno norteamericano –a pesar de ser una cifra fabulosa (700 mil millones de dólares)– no llega a cubrir ni el 5% de lo que se necesitaría para cubrir el «hueco» e intentar reflotar el sistema.

Construir este valor intangible requiere, por tanto, de líderes que como primera condición tengan el poder de inspirar confianza en la sociedad. Y ese justamente es el gran activo de Barack Obama, quien ha despertado la confianza no sólo de los norteamericanos, sino también de muchos ciudadanos alrededor del planeta. Ese liderazgo se apoya en la verdad, por más dura que ésta resulte; de allí que Obama haya dicho claramente que la economía va a empeorar antes que mejorar en el 2009. Sea cual sea el plan que siga su gobierno, la mejor señal de un posible éxito es partir por reconocer la gravedad de la situación.

El problema del presidente Alan García es justamente lo inverso a la ventaja de Obama. Su principal pasivo es la desconfianza, no la confianza. Recordemos que nuestro gobernante ha incumplido sus promesas electorales, ha creado diversas cortinas de humo (pena de muerte para violadores, shock de inversiones, Pacto Social, ONA, Sierra Exportadora, Agua para Todos, etc.) para eludir enfrentar problemas serios en el país. Es más, su propuesta de plan «contracíclico» se ve trabado por un Estado condicionado a frenar el gasto público, al que García ha sido incapaz de reformar. Visto en perspectiva, en su primer gobierno robó el programa de la izquierda y llevó al país al desastre; y en su segundo gobierno ha robado el programa de la derecha, creando un abismo social nunca antes visto, con el consiguiente aumento de los conflictos en todo el país. En consecuencia, no puede pretender que nos traguemos su «optimismo».

Para entenderlo mejor propongamos el siguiente ejercicio. Preguntemos a todos esos empresarios que apoyan a García si ellos pondrían su dinero en manos del actual mandatario, suponiendo que éste fuera un banquero. Ciertamente, tanto los inversionistas como los empresarios locales confían en los ministros de Economía y la tecnocracia, antes que en un gobernante tan volátil y desprovisto de identidad política. Por otra parte, casi el 80% de los peruanos desaprueba su gestión y lo recibe con bolsas de agua y botellazos en sus intentos por congraciarse con la población.

En consecuencia, cuando el presidente García critica a Obama sólo está repitiendo una lección de aprendiz de brujo, esta vez neoliberal. No entiende que, desde el punto de vista de la confianza, Barack es percibido como un personaje confiable diga lo que diga (más aún, si dice la verdad), mientras que él sólo despierta suspicacias y desconfianza, por más «optimista» que se muestre. De hecho, haría muy bien Alan García en callarse y guardar el mayor silencio posible para no generar más bien pesimismo, y, de paso, atizar aún más la grave inseguridad social que ya viene siendo su principal herencia.

Defensora del Pueblo destaca triunfo de Barack Obama como éxito contra el racismo y la discriminación

La Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, saludó el triunfo del candidato demócrata Barack Obama y resaltó que el nuevo presidente de los Estados Unidos es protagonista de un hecho histórico y marca el inicio del desmantelamiento del racismo que perturbaba a su país.

«Esta elección histórica de Barack Obama señala el inicio del desmantelamiento de ese racismo institucional, y de esa opresión en los Estados Unidos que hace que a las personas diferentes a las mayorías no se les dé las mismas oportunidades. Por eso, como Defensora del Pueblo, quiero pedirle públicamente al país que nosotros usemos este ejemplo para nosotros también dejar atrás el racismo que agobia al Perú, y que está en la entraña misma de muchos de sus problemas más graves de desigualdad, de falta de oportunidades en materia de empleo, en materia de educación y en materia de salud», declaró Merino.

La funcionaria recordó que la Defensoría del Pueblo «ha iniciado hace por lo menos un año y medio campañas contra la discriminación, como otras entidades y medios de comunicación hacen también, ésta es una oportunidad histórica también para nosotros, para dejar atrás ese racismo y convertirnos en una sociedad donde las oportunidades sean las mismas para todos».